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Todos conocéis nuestro compromiso con la Salud y el Bienestar y, aunque nos encanta hablar de nuestros productos, y por supuesto, facilitar consejos que mejoren nuestra calidad de vida -y digo “nuestra” porque os aseguro que somos los primeros en ponerlos en práctica-, hoy me gustaría compartir una faceta mucho más personal, desconocida para la mayoría de vosotros, que considero que puede cambiar la vida de cualquiera que quiera seguir mis pasos.

En este post no prometo nada en concreto, sólo pido que abráis vuestra mente, ¡y os dejéis llevar!.

Para que me conozcáis un poquito mejor, deciros que la mayor parte de mi vida la he dedicado a estudiar temas relacionados con la Salud y la Nutrición.  No en vano estudié y estudié para lograr mi título universitario y, en consecuencia, un puesto de trabajo del que me siento profundamente orgullosa. Sin embargo, poseo otra gran pasión, que compagino con mi profesión y que hoy quiero compartir con vosotros: BAILAR.

Me atreví a cultivar esta pasión ya de adulta y, actualmente, me está llevando a viajar por todo el mundo… ¡os aseguro que me ha cambiado la vida!

 

 

 

Es posible que, a priori, cueste entender la relación que pueda tener el baile con la salud, pero si definimos la Salud como algo más que una mera “ausencia de enfermedad”, si vamos un poquito más allá y tenemos en cuenta todos los factores del individuo (estado físico, nutricional, emocional), nos daremos cuenta de que cualquier cosa que genere bienestar, a cualquier nivel, ya es sinónimo de Salud… Y estaréis de acuerdo conmigo en que todo el que haya bailado al ritmo de su música favorita, que se haya entregado al compás, sintiendo cada nota a su manera (no hace falta ser un perfecto y técnico bailarín) no haya “viajado” a un estado superior de conciencia donde lo único importante en ese momento de goce es precisamente ese status: ¡el de gozar! Aunque sientas que no te guste bailar, aunque consideres que no se te da bien, que “no sirves”…seguro que en algún momento de tu vida te has entregado a ese sentir, a ese dejarse llevar, a ese no pensar…porque como se suele decir: “las penas se van bailando”…y lo cierto es que ¡es así!

Alejándome un poquito de esta apreciación mía tan personal, un tanto entusiasta e ideal (pero no por ello irreal) del baile, intentaré enumerar las ventajas más relevantes que supone practicar este deporte artístico que, quien más y quien menos, posee de forma innata.  Así podréis valorar si merece o no la pena darle una oportunidad a esta práctica y saborear sus beneficios, tanto físicos como psicológicos, en carne propia:

  • Como cualquier actividad física, la práctica regular nos ayuda a mantener, e incluso a disminuir, el peso corporal, ya que aumenta la combustión de calorías y esto nos lleva a mantener activo nuestro metabolismo. ¡A bailar todo el mundo!
  • Siempre y cuando no llevemos esta actividad al límite, está comprobado que bailar previene la pérdida de masa ósea, tonifica los músculos y no estresa nuestras articulaciones. Esto se traduciría en un aumento de la flexibilidad, la fuerza y la resistencia de nuestro cuerpo minimizando la posibilidad de sufrir lesiones. Mejora la coordinación, la postura y el balance corporal, por todo ello, bailar es una práctica recomendable a cualquier edad.
  • Nos ayuda a mantener un corazón sano y fuerte, puesto que mejora la circulación a todos los niveles, aumenta el ritmo cardíaco, mejora la capacidad pulmonar y nuestra capacidad aeróbica cosa que ayuda a disminuir los niveles de colesterol.
  • ¡Diversión asegurada! Bailar genera la producción de endorfinas, neurotransmisores implicados en nuestro bienestar, de manera que está indicado en casos de depresión leve, pues aumenta la autoestima, disminuye el estrés y nos dota de grandes dosis de energía.
  • Debido a que este arte demanda una especial atención para poder seguir una secuencia de pasos al ritmo de una determinada música, es bien sabido que bailar estimula la memoria, pues se ha demostrado que revierte de forma notable la pérdida de volumen del hipocampo cerebral.

Como veis, bailar es mucho más que moverse armónicamente al ritmo de la música; bailar es estimular nuestro cuerpo y nuestros sentidos: nos revitaliza, nos transporta a estados de bienestar semejantes al que nos podría transportar un deporte de alto rendimiento, nos recuerda lo maravilloso que es estar vivo, nos engancha, ¡¡y nos encanta sentirnos así!!

 

Si he conseguido que os pique un poquito la curiosidad, y de esta manera que os animéis a probarlo, tan sólo recordaros que, como toda actividad que requiere de esfuerzo físico, es importante que antes de ponerla en práctica os aseguréis de que no tenéis ningún problema de salud donde la práctica de ejercicio esté contraindicada.

 

Espero que os haya gustado la información expuesta.  Por mi parte, tan sólo un último deseo para todos aquellos amantes de este Arte (y por supuesto para los que no, ¡también!):

 

“¡Que pase todo lo que tenga que pasar, pero que el fin del mundo nos pille bailando!”

 

¡Salud y Bienestar para Tod@s!